
Cuando un árbol muere su madera se pudre, se resquebraja y su poderoso tronco cae irremediablemente al suelo.
Pero este tronco lleva muerto más de mil años. Los mismos años que hace que una pequeña duna de arena ganó la primera batalla a la riada anual de la época de lluvias. Y desde ese primer año la duna ha seguido creciendo. Y el agua ya nunca inunda el lecho de este viejo valle.
Y con tanta sequía la madera ni se pudre ni es atacada por insectos y termitas, solo el viento y la arena se funden con ella y la endurecen hasta llegar a hacerla de piedra.
La sequía extrema que acabó con la vida de este árbol es también la responsable de su perpetuación.
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